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Homilías

Homilías Pastoral Castrense

Homilía pronunciada por el M.I. Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva, Capellán Castrense, con motivo del Homenaje de la Familia Militar a Santa María de Guadalupe, en el Día del Ejército Mexicano.
19 de febrero de 2021

Muy queridos hermanos y hermanas, fieles laicos en Cristo Jesús, saludo con con afecto y con respeto a los miembros del Instituto Armado de nuestro país, del ejército de tierra, de mar, de aire y a la guardia nacional, a sus familias y derechohabientes.

Un saludo particular dirijo a mi General Secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González, nuestras oraciones por su pronta recuperación; a mi Almirante Secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán y a mi General

Comandante de la Guardia Nacional Luis Rodríguez Bucio.

Nos hemos dado cita en este recinto histórico religioso, para nuestra patria y para el mundo entero, en “La Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe”; para celebrar a sus pies, la eucaristía, para celebrar a Cristo, “nuestra paz, que de dos pueblos hizo uno solo, derribando el muro que los separaba: el odio” (Ef. 2,14). A Él, presente misteriosa y realmente en la Eucaristía, hemos venido a ofrecerle nuestros propósitos y nuestro compromiso diario de ser constructores de paz.

Santa María de Guadalupe, “Patrona de nuestra libertad” como lo proclamó el Padre José María Morelos y Pavón, es quien une a nuestro pueblo de México, ella en 1531, cuando dos razas eran irreconciliables, la indígena y la española, aparece como la gran reconciliadora, para presentarnos a su hijo, al verbo de Dios encarnado en su vientre virginal, nuestro Señor Jesucristo, una vez más derribando el muro que los separaba: el odio, trayendo la unidad y paz a nuestras tierras.

Hoy 19 de febrero de 2021, día del ejército, les expreso mi gratitud a cada uno de ustedes miembros del instituto armado, en activo o retirados, por todo su trabajo, en la mayoría de las veces, un trabajo callado y sofocado, de entrega y generoso compromiso, de servir a Dios en el prójimo, en la patria.

Presentes en nuestras oraciones el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, nuestro Arzobispo Primado de México y sus Obispos auxiliares, el Sr. Arzobispo de Hermosillo, Mons. Ruy Rendón Leal, responsable de la Dimensión Fuerzas Armadas de la CEM. Mi saludo se extiende a cada uno mis hermanos en el

presbiterio, los “capellanes militares”, que atienden espiritualmente a lo largo y ancho de nuestra patria, a todos los miembros de las fuerzas armadas y a sus familias, en sus especiales condiciones de vida, quienes somos animadores en el caminar castrense, de todos los días, mano con mano, para que, llevando los miembros del instituto armado, una vida auténticamente cristiana, sean hombres y mujeres constructores de la paz.

1.- Como capellán militar e hijo de militar, sé que el camino que se recorre en la carrera militar es recto y no admite desviaciones, cada miembro del instituto armado, con la

 

ayuda de Dios y de su correcto actuar, en base a su conciencia rectamente formada, se va forjando su propio prestigio; el capellán militar en mucho ha de ayudar con la permanente dirección espiritual y con los sacramentos, de manera especial el de la confesión y el de la eucaristía, para que puedan cumplir con este noble objetivo.

Los miembros del ejército mexicano, reconocen que todos los días, les hace falta la ayuda de Dios para poder cumplir con la tarea que el pueblo de México y el Estado, les ha confiado: defender la seguridad del propio pueblo y edificar y mantener la paz entre las naciones, salvaguardando al mismo tiempo el orden, la justicia y la convivencia entre los ciudadanos.

La historia nacional es testigo que, ante momentos de adversidad, catástrofes naturales o conflictos internos que ha vivido el país, el ánimo del soldado y marino

no decae, por el contrario, se mantiene firme, se fortalece y sirve el reto que se afronte para imprimir más fuerza en el cumplimiento del deber.

Nuestras fuerzas armadas cualquiera que sea el desafío a enfrentar, con la ayuda de Dios, General de generales, Almirante de almirantes y con la intercesión de la Virgen de Guadalupe, jamás detienen su camino, jamás lo harán, siempre seguirán trabajando por México.

Y si el ánimo no decae, es porque en momentos de su vida castrense, existe también la ayuda espiritual, que siempre la agradecen de todos los sacerdotes, de manera especial de aquellos que han sido nombrados “capellanes militares” y que están para la atención de los miembros de las fuerzas armadas y de sus familias; la importancia de contar con un sacerdote que comprenda las necesidades de la familia militar, aérea y naval y que, con especial espíritu de servicio, diligencia y respetando en todo momento las normas y reglamentos de las instancias militares, atienda sus necesidades espirituales; partiendo del derecho Constitucional que declara: “que todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no afecte a nadie”, y el Estado Mexicano, tiene el deber de velar y promover ese derecho. La religión en México como factor en el desarrollo y seguridad nacional; México es grande, gracias a dos grandes instituciones que han forjado patria: “la Iglesia y el Ejército”, “el Ejército y la Iglesia”.

2. – “El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor: que rompas las cadenas injustas y que levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas

todos los yugos; que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des tu espalda a tu propio hermano”. Las palabras del profeta Isaías que se han proclamado resuenan en nuestros corazones y recordamos que, con el signo de la Ceniza, el pasado miércoles, hemos iniciado el tiempo de conversión cuaresmal, un tiempo que nos invita a disponernos a llevar una vida auténticamente cristiana, con una conducta limpia y piadosa, atendiendo las necesidades de los más débiles y necesitados.

La experiencia diaria de la vida de los militares les lleva a afrontar situaciones difíciles y a veces dramáticas, que ponen en peligro las seguridades humanas. Sin embargo, el evangelio nos consuela, presentándonos a Cristo, como el Esposo de su iglesia. Él con su presencia, ilumina la oscuridad e incluso desesperación del hombre, y da al que confíe en Él la certeza consoladora de su asistencia constante. “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos?” Jesús anima a los apóstoles a no rendirse frente a las dificultades y las incertidumbres del tiempo presente. Más bien, los exhorta a saber esperar y a prepararse para cuando vuelva de nuevo.

Por más complejas y problemáticas que sean las situaciones de su vida castrense y de su vida personal, no pierdan la confianza. En el corazón del hombre jamás debe morir el germen de la esperanza. Ante la incertidumbre que nos causa la

pandemia, de ver enfermos y difuntos, a veces tan cercanos a nosotros; ante la incertidumbre de ver personas sin trabajo y por consiguiente sin tener lo necesario para vivir y dar el sustento a las familias; ante la incertidumbre de ver personas enfermas de la mente con ansiedad, angustia, temor, depresión; la certidumbre, que Dios es fiel y que sólo necesita de nuestra respuesta llena de esperanza, es el binomio perfecto: “fidelidad de Dios y esperanza del hombre”, este binomio nos ayudará a cruzar por este mar a veces tan lleno de arrecifes, bancos de arena, anclados solamente en Dios, estén siempre atentos de descubrir y fomentar todo signo positivo de renovación personal y social. Estén dispuestos a favorecer con todos los medios la valiente construcción de la justicia y de la paz.

3.- Queridos hermanos y hermanas miembros del instituto armado, gracias por su valiente labor de pacificación de nuestra patria, gracias por la ayuda que prestan, sin preocuparse por los riesgos que ello implica cuando hacen presente a Cristo y llevan a cabo el Plan DNIII-E, el Plan Marina y el Plan Guardia Nacional, llevando la ayuda solidaria a la población civil en desgracia.

Quiero hacer un reconocimiento a todo el personal de sanidad militar y naval, médicos hombres y mujeres, enfermeros, enfermeras y todo el personal técnico que atiende a nuestros enfermos, quienes desde el inicio de la pandemia y hasta el día de hoy, arriesgando su propia vida en el frente de guerra, no con el enemigo armado sino con el virus del sars cov 2, han atendido y siguen atendiendo valientemente a los enfermos, como una de las obras de misericordia, reconociendo que no son ellos, sino que es Dios quien actúa a través de ellos, sublimando éste acto bueno de filantropía cuando lo hacen por Cristo, con Él y en Él.

Agradezco a nuestros estudiantes del sistema educativo militar, aéreo y naval, nuestros cadetes, hombres y mujeres jóvenes, que con generosidad han dejado su casa y su familia, para seguir la carrera del servicio a México desde la actividad castrense.

Gracias a todos por las ceremonias cívicas y desfiles militares. Gracias por más de 108 años de lealtad institucional, “siempre leales”.

He nacido en la familia militar, dentro de un matrimonio católico y sé, por propia experiencia, que no es fácil ser familiar de un militar, pues es necesario ser generoso y compartir también las fatigas que comporta su misión. La familia es factor de seguridad nacional, los esposos y esposas se sienten orgullosos de su cónyuge, los hijos e hijas, nos sentimos orgullosos de nuestros papás, porque sus ausencias a causa de su servicio para el instituto armado, redunda en un México mejor, la familia es el apoyo principal para cada uno de los marinos y soldados.

Se defiende lo que se ama y, ¿dónde se aprende a amar la paz y la vida si no es en la familia? La lealtad es un concepto que conocen a carta cabal los miembros del instituto armado, por lo anterior, hablar de lealtad a la patria es hablar de lealtad al cónyuge y a la familia que de ella emana.

4.- Quiero rendir un homenaje a todos los miembros del ejército que han fallecido en el cumplimiento de sus obligaciones castrenses, que han pagado con su propia vida la fidelidad a su misión. Olvidándose de sí mismos, desafiando el peligro han prestado a nuestra patria un servicio inestimable y hoy, durante esta celebración eucarística los encomendamos al Señor con gratitud y admiración. Pero ¿de dónde han sacado la fuerza para cumplir con su misión en el ejército? De la fuerza que viene de Cristo que iluminó su existencia y dio valor ejemplar a su sacrificio. El evangelio fue su código de conducta que los llevó a cumplir fielmente su deber de forma heroica y quizás de santidad.

Como ellos, que contemplaron a Cristo y que asistieron quizás en muchas ocasiones a ésta Villa de Guadalupe a contemplar a nuestra Madre “de bajo perfil, es decir, sin uniforme”, y guardaron en su corazón las dulces palabras “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” “¿No estás por ventura en el cruce de mi manto?”, fueron palabras que los animaron, en su recuerdo, a estar firmes en la fe, y son palabras que nos deben a nosotros animar en el presente. Santa María de Guadalupe, reina de las fuerzas armadas mexicanas, nos sostenga, en nuestra actividad castrense; que nuestro corazón no se turbe jamás, al contrario, que esté siempre pronto a la promesa de Dios “a un corazón contrito Señor, tú nunca lo desprecias”.

Homilía pronunciada por el Sr. Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva, con motivo de la Navidad, Iglesia Cristo de la Paz viernes 25 de diciembre de 2020

“¡Les anuncio una grande alegría: hoy nos ha nacido, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.!”

Muy queridos hermanos y hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús, con grande júbilo, con grande alegría, celebramos la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, según la carne, un hecho que sucedió hace más de dos mil años en Belén de Judá, y que se actualiza en el aquí y en el ahora, el Emmanuel, el Dios con nosotros, nace hoy en cada corazón de todo aquel hombre y mujer que lo quiere acoger para darle posada en su vida.

La navidad es esperanza, cada uno de nosotros debemos ser esperanza para los que nos rodean, tú eres una esperanza, yo soy una esperanza, todos somos una esperanza para la humanidad.

Navidad es tiempo de ser posada para Jesús niño, haciéndonos posada para los demás, ya demasiados problemas tienen los que nos rodean, para que yo me convierta en un problema más, hacerme posada para mi esposo, para mi esposa, para mis hijos, para mis padres, para mis hermanos de sangre, para mis compañeros de trabajo, para el que transita por la calle para ti. Ser posada es tener disposición para ayudar, para escuchar un reclamo, para cancelar alguna diversión y dedicar ese tiempo a ayudar. Dejar de salir con mis amigos o amigas para ayudar a mi mamá o a mi papá en algún quehacer del hogar. Ser posada es estar dispuesto a ayudar, buscando ser el primero en servir, y servir con alegría. Ser posada es ser empático, no dejar para mañana para pedir perdón, saber decir perdóname y perdonar. Ser posada es tener respeto por el otro, no necesariamente me debe caer bien alguien o tengo que amarlo para respetarlo. Ser posada en mejorar la comunicación en familia. Ser posada es saber compartir con el necesitado.

“El pueblo que caminaba en tinieblas, vió una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”.

Ocho siglos antes de Cristo, el profeta Isaías animaba al pueblo que se encontraba cautivo en Babilonia, ya que el rey Nabucodonosor invadió Jerusalén, y llevó a los israelitas cautivos, Isaías profetiza el nacimiento de un mesías salvador y San Mateo/Lucas no tiene dudas que ese cumplimiento se da en nuestro Señor Jesucristo nacido en Belén para nuestra salvación. También hoy en día nosotros, hombres y mujeres de este tercer milenio somos víctimas del destierro, cuando a causa de nuestros pecados nos encontramos lejos de Dios. Somos cautivos del desenfreno, de las consecuencias de nuestros pecados, en el pecado todos somos extranjeros. “Nos ha nacido un Salvador!, para liberarnos y sacarnos de todo destierro.

La navidad es una fiesta de luz, que ilumina a todo hombre, por eso ponemos lámparas, velas, luces, esferas; quiera Dios que esa luz exterior sea el reflejo de nuestra luz interior porque Cristo ilumina nuestras vidas.

La historia de la humanidad se “parte” en dos con la llegada de nuestro Señor Jesucristo, la luz es el don de la fe de ese Cristo vivo que también ha tocado nuestra vida, todos y cada uno de nosotros a lo largo de nuestra historia personal hemos experimentado un momento en nuestra vida en donde Cristo se ha hecho presente y nuestra historia personal es también una antes de Cristo y una después de Cristo.

La Navidad es una escuela de fe, la fe es un don de Dios, pero en la libertad del hombre se recibe o no, “Dios nos hizo tan poderosos que podemos decir sí o no, al plan de salvación de Dios”. “Aquel que te creó sin ti no puede salvarte sin ti”.

¿Qué aporta la navidad a mi vida’

1.- La fe es la luz; la luz puede resultarnos molesta; un niño en la oscuridad no quiere estar, por naturaleza no fuimos hechos o creados para la oscuridad sino para la luz. Tenemos una predisposición natural a la oscuridad. La luz nos da seguridad, quien hace el mal se cobija bajo la oscuridad. “Yo soy la Luz de mundo”; S.S. Francisco al respecto nos comenta que la fe cristiana es dejarse iluminar por Cristo.

2.- La fe es fortaleza; la fortaleza no está en los músculos, sino en el corazón, Dios con nosotros, la presencia encarnada en el mundo, la certeza de saber que alguien está con nosotros, su íntima cercanía, tan íntima que toma cuerpo en cada corazón humano dispuesto a recibirlo. Una fuerza que no elimina nuestra debilidad “pues cuando soy más débil soy más fuerte”.

3.- La fe es esperanza; la fe y la esperanza se entrelazan, la fe es esperanza proyectada hacia el futuro. La promesa del salvador profetizada por Malaquías 400 años antes de Cristo, Dios con paciencia realiza su obra. En Jesús palabra definitiva del Padre, Dios nos lo ha dicho todo. Dios guarda silencio antes de cumplir su promesa. Dios no defrauda la esperanza, apoyados en Cristo podemos cumplir toda promesa humana. El papa Francisco comenta: “Por lo tanto, la navidad revela el inmenso amor de Dios por la Humanidad. De ahí deriva también el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con El y entre nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva”.

4.- La fe es amor; José no sabía cómo había sucedido que María estuviera en cinta, y opta por la única escapatoria que le permite la ley, sin dañarla, abandonarla sin decir ninguna palabra. El ángel le dice que no era obra humana, sino que María había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, una historia quizás fantástica, como todo verdadero amor, está sobrado incluso de fantasía, sólo que la fantasía de Dios desemboca en hechos reales históricos más ciertos que la ciencia más rigurosa. La navidad es un gran portal de la fe, la fe no es un acto de la inteligencia, sino del corazón que se deja trastocar por Dios, transformados por ese amor se nos abre la mirada hacia el futuro.

5.- La fe es sentido; necesidad de darle sentido a todo lo que se vive, no viven los más fuertes, los más sagaces, sino los que encontraron un sentido a su vida, la fe tiene el sentido de iluminar todos los sectores de nuestra existencia. La fe no es sólo una creencia religiosa, es también una visión de la vida. Dios actúa con todo lo que nos pasa, todo sirve para algo.

6.- La fe es valor; el valor como convicción profunda, valía y valentía, con Jesús se inaugura una nueva era de la humanidad, el sacrificio, la sencillez pasaron a ser los grandes valores de la existencia cristiana. Existe una hipótesis que el amor de Dios es tan grande, que si hubiera existido solo un hombre pecador en el universo, Jesús se hubiera encarnado de la misma manera para salvarlo. Vale un Dios encarnado cada persona.

7.- La fe es alegría; porque es luz y fortaleza, esperanza y amor, es sentido y valor, quienes experimentan todo esto están alegres, por eso los sacramentos no se realizan, se celebran. La noche de Navidad es siempre una noche de alegría. Dios busca a todos: santos, no tan santos, renegados, incrédulos, ateos, indiferentes. En Cristo, Dios viene al hombre perdido. La fe no cambia las realidades dolorosas de la vida, la fe es fuente de alegría, guía nuestros pasos en la noche y eso basta para poder caminar.

Nuestra generación tiene la responsabilidad de transitar entre el siglo pasado y el tercer milenio, dar el nuevo milenio una orientación cristiana, herencia de fe, esperanza y amor.

Acoger y transmitir a las nuevas generaciones la fe.

¡Muy feliz Navidad! a todos.

HOMILÍA PRONUNCIADA POR EL CARDENAL CARLOS AGUIAR RETES EN LA TOMA DE POSESIÓN DEL NUEVO CAPELLÁN CASTRENSE DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO. 29 AGOSTO, 2019

El saber que permanecen fieles al Señor nos llena ahora de vida (1 Tes. 3,7-10).

Con estas palabras, que hemos escuchado en la primera lectura, se refiere el Apóstol San Pablo a la comunidad de Tesalónica. Él está distante, quiere volver a verlos, y les envía este mensaje: “En medio de las dificultades y tribulaciones, la fe de ustedes nos ha dado un gran consuelo (1 Tes. 3,7-10).

En 1979 por primera vez un Papa vino a México, San Juan Pablo II, y en su primera homilía, en la Catedral de México, expresó que la fidelidad tenía cuatro dimensiones. Vamos a recordarlas para ayudarnos a entender cómo es que un hombre, Juan Bautista, llega a dar la vida por la verdad, y otro hombre, Herodes, por un gusto corrompe no solamente su corazón, sino deja de lado su responsabilidad, y encadena a otros: en su mujer Herodías, la venganza; y en su hija Salomé, la ejecutora de una muerte injusta que ni pensaba, ni lo hubiera imaginado.

La fidelidad al Señor –dice San Pablo– es la que da vida (1 Tes. 3,7-10), por eso es importante. El Papa afirmó en México que la fidelidad tiene cuatro dimensiones: la búsqueda, la aceptación, la coherencia y la perseverancia. ¿En qué consiste cada una de ellas?

La búsqueda es el punto de partida, y sabemos qué importante es el inicio de algo, son como los cimientos. La búsqueda es mirar nuestro interior, descubrir nuestras inquietudes y discernir cuáles son buenas y cuáles son negativas. Y discernir entre las buenas cuáles me apasionan, cuáles me seducen, presentándolas en oración al Señor para recibir de Él su Espíritu, y poder elegir la que Él me está induciendo. La búsqueda consiste entonces en

descubrir lo que Dios quiere de mí.

La aceptación es la segunda dimensión. Una vez que se descubre qué es lo que Dios quiere de mí, aceptarlo, decir: “Lo quiero, lo voy a hacer, además voy a ponerlo al servicio con todas las consecuencias que eso lleva. No las conozco, no sé hasta dónde me va a llevar esta decisión, pero la acepto”.

La tercera dimensión es la coherencia; es decir, si yo ya decidí esto, por ejemplo, si yo ya decidí ser sacerdote, y decidí también aceptar el celibato, pues debo ser consecuente y seguir hasta el final. La coherencia es poner mi conducta, a lo largo de la vida en relación con la decisión que asumí, que libremente acepté.

La cuarta dimensión de la fidelidad es la perseverancia. El Papa decía: “Es fácil ser coherente un día, ¿pero serlo toda la vida?” Y es aquí donde entra la necesidad de la oración,

la necesidad de la ayuda divina, de su Espíritu que fortalezca a mi pobre espíritu. Esta es la razón de la alegría de San Pablo en la comunidad de Tesalónica: “El saber que permanecen fieles al Señor nos llena ahora de vida” (1 Tes. 3,7-10).

Esta comunidad parroquial es fiel a alguien que les ha entregado muchísimos años, como ha sido el padre Otto, ahora Monseñor, y como lo ha sido en un pequeño tiempo el Padre Jorge

–y que ahora viene de nuevo a servirles–, y ustedes aquí están, y les han aplaudido con mucho entusiasmo. Es parte de esa aceptación de su ser cristiano, de formar esta comunidad cristiana.

Ahora fíjense, si todos seguimos este camino de la fidelidad, entonces lograremos incluso lo que Juan Bautista: dar su vida por la verdad, cosa que a veces no es tan fácil, es muy frágil nuestra condición. Por eso, en la primera dimensión, la de la búsqueda, ese discernimiento no basta que sea individual. Lo tenemos que compartir de forma comunitaria, a veces en familia, a veces en círculos de amigos, a veces en el círculo laboral, a veces en el círculo eclesial.

Dependiendo la opción que se haya tomado, será el ambiente propicio para hacerlo, porque cuando se comparte una decisión con otros, los otros al conocer lo decidido, me van a apoyar en la realización como me apoyaron en el discernimiento de la decisión que tomé. Esa es la

ayuda mutua que realiza una comunidad cristiana. Por eso nos reunimos en la Eucaristía, recordando esta Palabra de Dios, recordando que la fuerza nos viene de lo alto, del Espíritu Santo.

En cambio, Herodes, que era el rey, tenía que velar por el bien de sus ciudadanos, de su gente, y vemos lo que hace: se deja llevar por un gusto. A la muchacha le ofrece lo que quiera, y aunque ésta le pida algo que es injusto: la muerte de un encarcelado que no merecía la muerte, se la concede, y pone a Salomé como ejecutora de la muerte de Juan el Bautista. Finalmente en consecuencia Herodías, la mujer del rey, que fue la que sugirió a Salomé que pidiera eso, realiza por odio una venganza.

¿De qué le servía la cabeza de Juan a Salomé? Hubiera podido pedir tantas otras cosas que hubieran sido buenas. Pero a la hora del discernimiento, su madre no le supo ayudar, sino ejecutar su venganza, su inquietud y sentimiento negativo.

¡Qué importante es que nos ayudemos los unos a los otros en estas circunstancias de decidir qué debo hacer! Nunca nos quedemos aislados, hagamos siempre este ejercicio de compartir nuestras aspiraciones, nuestras ilusiones, nuestros anhelos, nuestros proyectos, y muchos

otros se sumarán y nos apoyarán. Y con la ayuda del Espíritu seremos capaces incluso de dar la vida por lo que hemos elegido.

Que el Señor nos ayude como comunidad cristiana a ser como Juan el Bautista. ¡Que así sea!

Mensaje del M.I. Sr. Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva, con motivo del
Inicio de su Ministerio como Capellán Militar en la Iglesia Cristo Rey de
la Paz, Capellanía Militar, 29 de Agosto de 2019, Solemnidad del
Martirio de San Juan Bautista.

“Que todos sean uno, como Tú y Yo Padre somos uno” (Jn 17, 21-23).

Muy queridos hermanos, sean bienvenidos a ésta Capellanía Militar,
corazón religioso de las Fuerzas Armadas mexicanas.

Saludo con afecto y con respeto al Emmo. Sr. Card. Don Carlos Aguiar
Retes, Arzobispo Primado de México. Gracias Eminencia por su
cercanía para con un servidor y para con mi familia, gracias por su
confianza al permitirme servir en su nombre como Capellán Militar a
esta tan querida comunidad militar, gracias por ser Padre, Maestro,
Pastor, le reitero mi amistad sincera y mi lealtad incondicional y me
comprometo a seguir trabajando, haciendo mi mayor esfuerzo como lo
he hecho hasta ahora, como discípulo misionero en la Ciudad
trabajando en una Pastoral de salida.

Al Excmo. Sr. Don Ruy Rubalcaba Rendón, Arzobispo de Hermosillo y
actual responsable de la Dimensión Fuerzas Armadas de la CEM.

Al Excmo. Sr. Don Miguel Ángel Alba Díaz, Obispo de La Paz, quien
hasta hace unos meses fuera el responsable de la Dimensión Fuerzas Armadas de la CEM; gracias a ambos por su testimonio de ser motores
de unidad en el trabajo a nivel nacional de ésta Pastoral Castrense.

A los Excmos. Señores Obispos Auxiliares de México; a los Monseñores
Presbíteros; a los Ilustres Señores Canónigos de la Catedral y de la
Colegiata de Guadalupe; a todos mis hermanos Presbíteros y Diáconos,
les tengo siempre presentes en mi corazón.

A los miembros del Ejército de tierra, de mar y de aire y a sus familias.

Saludo a los miembros del Consejo de Pastoral y de Asuntos
Económicos recientemente re instaurado. A los laicos de los grupos de
Pastoral de ésta Comunidad, gracias por toda su generosidad, su
acogida y trabajo para con su servidor.

Sean todos ustedes bienvenidos familia militar y familia civil, gracias por
acompañarme.

“Una Iglesia para soñar”. En días pasados en reunión con el Consejo de
Pastoral y de Asuntos Económicos, les pedí, lo que usted Eminencia
nos pidió a los clérigos y laicos al llegar a nuestra Arquidiócesis de
México, que soñáramos en una Iglesia en salida; cito textual lo que nos
pidió: “Mi sueño es ser esa iglesia en salida. Misionera, que escucha,
acompaña y consuela corazones en la diversidad de sectores de la
sociedad: empresarios, obreros, gobernantes, jóvenes, adultos
mayores, niños. Nos necesitamos todos para construir un mejor país.”
Hasta aquí cito a su Eminencia.

Una Iglesia en salida que atienda la Pastoral Fuerzas Armadas, bien
organizada y con espíritu de servicio a imagen del Buen Pastor
Jesucristo nuestro Señor.

Una Iglesia en salida, para encontrarnos con los enfermos y sus
familiares, tanto en los hospitales militares y navales, pero también en
los que hay en las casas de las Unidades Habitacionales militares,
llevándoles los sacramentos de la Unción y de la Comunión Eucarística,
pero también una palabra que anime su fe.

Con los presos y sus familias animándolos a no perder la esperanza,
compartiendo con ellos que el pasado a la misericordia de Dios, el
mañana a su Providencia y el presente en el amor a Dios en el prójimo.

Encomendando a los difuntos y haciéndonos solidarios con sus deudos,
en el Velatorio y Cementerio Militar, invitándolos a vivir en la caridad
para también alcanzar, junto con sus seres queridos que se han
adelantado en el camino del Señor, la Vida Eterna.

Visitando a la gran familia del Ejército de tierra, de mar y de aire, en
cuarteles, centros de educación militar aérea y naval, así como en sus
unidades habitacionales convocándolos a vivir la fe recibida en su
Bautismo, en línea de vida; que sepan que nuestra Iglesia, tiene un lugar
para los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y personas de la tercera
edad, sabiendo que la persona humana es valiosa desde el mismo
momento de la concepción y hasta la muerte natural.

México es grande, gracias a dos grandes instituciones que han hecho
historia patria: la Iglesia y el Ejército, el Ejército y la Iglesia.

Partiendo de la premisa emanada de nuestra Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, “que el Estado Mexicano debe ser
laico”, es como llego aquí por la gracia de Dios y del Emmo. Sr. Cardenal
Don Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México; a presidir en
la caridad como Sacerdote a ésta querida familia católica militar, como
un hermano entre los hermanos, y ya que el Estado Mexicano debe ser
laico y no laicista, es decir a religioso, y que el propio Estado no
solamente ha de respetar el credo de las personas, siempre y cuando
no afecten a nadie, ha de también promover y velar por su credo.

He nacido en la familia militar, agradezco a Dios y a mis padres: Al C.
Tte. Corl. Don Gonzalo Ángel Reyes y Herrera y a la Sra. Margarita de
la Riva de Reyes, ya llamados por Dios, por el Don de la vida; he vivido
dentro de la familia militar, de manera especial compartiendo la vida con
mis hermanas, sobrinos y demás familiares, por ello agradezco a mi
familia militar y a mis amigos que se han convertido en familia, por
alentar y sostener mi llamada a la vida sacerdotal, en medio de ustedes
he sentido el calor de toda la comunidad para poder decir <sí> a Dios y a la Iglesia. Escucho en éste momento la voz de Dios en mi corazón que
me dice <Habéis hecho bien. Porque los hombres y mujeres militares,
son “hombres y mujeres de fe al servicio de la Patria” que en ésta época
del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán
teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que
nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de
Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una
humanidad verdadera> (Carta a los Seminaristas, 18 de Octubre del
2010).

Pedimos a Santa María de Guadalupe la Madre del amor hermoso y
Reina de las Fuerzas Armadas Mexicanas, que tome de su mano a ésta
Comunidad del Ejército de tierra, de mar y de aire, y los presente ante
el General de Generales, Almirante de Almirantes, el Primerísimo Dios
nuestro Padre para que los bendiga y a nosotros que la Virgen Santa,
nos cubra con su divino manto lleno de amor, para que, haciendo el bien
sin mirar a quien, un día podamos alcanzar la vida eterna, vida eterna
que hoy pedimos para todos nuestros difuntos.

Capellanía Militar: “hombres y mujeres de fe al servicio de la Patria”.

Muchas gracias.

MENSAJE DE BIENVENIDA DEL SR. PBRO, LIC. JORGE REYES DE LA RIVA II SACRISTAN MAYOR DE LA INBG, EN LA MISA CON MOTIVO DE LA XIV JORNADA NACIONAL DE PASTORAL MILITAR

10 DE AGOSTO DE 2017

Muy queridos hermanos y hermanas, recibimos con grande gozo, con grande alegría, a la comunidad de la Pastoral Militar. A los peregrinos de nuestro querido Ejercito Mexicano de tierra, de mar y de aire, a sus familias y derechohabientes, a cada uno de los capellanes militares, al P. José Fernando Tirado Becerril, Secretario Ejecutivo de la Dimensión Fuerzas Armadas y de una manera particular al Excelentísimo Sr. Don Miguel Ángel Alba Díaz, Obispo de la Paz y responsable Magnifico de la Dimensión Fuerzas Armadas de la CEM y amigo.

La Constitución Spirituali militum curae nos recuerda que: “Las Fuerzas Armadas existen para la seguridad y libertad de los pueblos”, es decir para la búsqueda de la paz, entendiendo que Cristo es la paz verdadera.

S.S. el Papa Francisco ha exhortado a los capellanes militares a: “Acompañar espiritualmente a los miembros de las Fuerzas Armadas” Por eso se han reunido de manera especial hoy en la Casita de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe, “hombres y mujeres de fe, al servicio de la patria” con sus capellanes militares y con su obispo responsable, para unirse a la petición del Papa: “Los capellanes deben rezar. Sin oración no se puede hacer todo lo que la humanidad, la Iglesia y Dios nos pide en este momento”. “Pregúntenselo a sus capellanes, pregúntenselo a sí mismos: ¿cuánto tiempo al día doy a la oración? La respuesta hará bien a todos”

En esta XIV Jornada de Pastoral Militar tenemos muy presentes las palabras de Santa María de Guadalupe a San Juan Diego: “Qué no estoy yo aquí que soy tu Madre? Y es Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, la Reina de las Fuerzas Armadas Mexicanas la que intercede por todos ante su Hijo Nuestro Señor Jesucristo. A Nombre del Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, del Sr. Rector de la Basílica Mons. Enrique Glennie, del Venerable Cabildo Colegial de Guadalupe y a nombre propio como Capellán de Coro del Santuario y II Sacristán Mayor, sean todos bienvenidos a esta Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, Casita de Nuestra Dulce y Santa Madre, Santa María de Guadalupe.

Domingo VII del Tiempo Ordinario 19 de febrero de 2017

Homilía pronunciada por del Sr. Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva,

II Sacristán Mayor INBG

Familia Militar

Las palabras de Dios a Moisés en la primera lectura: “Sean santos, porque Yo el Señor soy Santo”, nos recuerdan que esa tiene que ser nuestra vida y que la santidad requiere esfuerzo constante, la santidad como amor que está activo en nosotros, nos capacita para vivir de una manera nueva.

La santidad es un cambio total de corazón en nuestra relación con los demás, la santidad se vuelve creíble cuando vivimos en el amor.

El libro de Levítico nos invita a perdonar y amar a nuestro prójimo. En el evangelio Jesús en el Sermón de la Montaña va aún más lejos: “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen.

¿Cómo puedo hablar de perdón a una persona que le asesinaron a un ser querido, le robaron, le difamaron, le golpearon?

La manera de vivir que Jesús nos propone no es fácil, perdonar es algo casi humanamente imposible de lograr, Jesús en el patíbulo de la cruz nos enseña a perdonar, “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Cuando en A.T. se decía “ojo por ojo y diente por diente” – que dicho sea de paso, ya ponía límites a la venganza- ; pero ahora Jesus nos dice: “No devolver mal por mal”, es necesario perdonar, no sólo porque es una característica del cristiano, porque si no lo hacemos no se purifica nuestra mente y nuestro corazón del odio y del rencor, hasta que no perdonas no vuelves encontrar la paz.

Una forma para perdonar la ofensa, es suscitar sentimientos de consmiseración hacia el criminal, pues el mal daña mucho más al que comete que al que padece. Quien se condena es el malvado no el inocente, perdonar no significa dejar de sentir dolor, esto sería ir contra nuestra naturaleza.

Perdonar significa no regodear mi mente y mi corazón con malos pensamientos contra la otra persona, significa renunciar a alimentar la ira y la venganza. Significa reconocer que Dios nos libró de cometer un delito porque también nosotros somos débiles. ¿A caso nos podemos considerar mejor que los demás o exentos de caer?.

El mejor consejo para perdonar es contemplar a Cristo crucificado y darme cuenta que también nosotros hemos pecado y que necesitamos ser rescatados, el contemplarlo y experimentar que Dios nos ha salvado en Cristo.

Comprender aceptar perdonar

San Juan Diego es un ejemplo de perdón y de amor.

Hoy agradecemos a Dios por el gran Don de nuestro Ejército Mexicano de tierra, de aire y de mar por ese amor a Dios en el prójimo en la patria, gracias por el plan DNIII- E de ayuda a la población civil en desgracia, gracias por las ceremonias cívicas-militares, gracias por la defensa de la soberanía y paz nacional de nuestra país, que siempre han resguardado con amor lealtad y patriotismo hasta derramar cuando ha sido preciso la propia sangre. Gracias a las esposas y esposos, a los hijos, a los papás, por haber donado al ser querido para el servicio en el Ejercito Mexicano. Que Santa María de Guadalupe Reina del Ejército Mexicano proteja a esta gran familia militar.

Homilía pronunciada por el Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva, II Capellán Mayor de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, en la Peregrinación de la Secretaría de Marina

13 de noviembre de 2015

Muy queridos hermanos y hermanas fieles laicos de Cristo Jesús , saludo con afecto y con respeto a los familiares coma amigos y conocidos de los miembros de la Armada de México coma de manera muy particular saludo a cada uno de los hombres y las mujeres miembros de la Armada de México en activo y retirados; un saludo especial dirijo al Almirante Secretario de Marina Vidal Francisco Soberán Sanz, a su distinguida esposa y a su familia.

La primera lectura tomada del libro de la sabiduría nos narra que las personas de ese tiempo tenían una religión naturalista, ya que al contemplar el cosmos obra admirable, se dedicaban a adorarlo, pero sin reconocer a Dios a través de la naturaleza creada por él.

Ustedes hombres mujeres de la Secretaría de Marina coma de manera especial los que han surcado los mares coma quizás en el buque escuela Cuauhtémoc atravesando 16 puertos de 3 países, con 220 tripulantes a bordo coma entre hombres y mujeres; -ya que Dios creó al hombre y a la mujer para complementariedad y no para la competitividad, pues el hombre es completo frente a la mujer y las mujeres completa frente al hombre con la misma dignidad de personas-; y al igual que las personas de la primera lectura al contemplar desde la nave el cosmos ya sea por la mañana coma en la tarde o en la noche coma también experimentan la grandeza y la pequeñez; Pero ustedes no se han quedado como las personas del Antiguo Testamento en un mero reconocimiento al cosmos han pasado un reconocimiento a Dios coma que es creador de todo lo creado. Hola por eso están ustedes hoy aquí en la insigne y nacional basílica de Guadalupe ejerciendo su derecho a la libertad de creer, porque en un estado laico es aquel que respeta el derecho a la libertad a creer de todas las personas, a creer en lo que ellos quieran siempre y cuando no afecten a nadie, y éste derecho lo debe promover y velar por él mismo.

Fue el año de 1531 cuando Santa María de Guadalupe aparece como la gran reconciliadora entre la raza indígena y la española, cuando todo era sangre, obscuridad y tiniebla y muerte; aparece Guadalupe, para decirnos que no hacen falta más sacrificios al sol a la luna al agua coma que no es necesario tener ídolos obra de las manos de los hombres que su hijo nuestro Señor Jesucristo es el único sacrificio agradable al padre y que ya no hacen falta más sacrificios.

Por su parte el en el en el Evangelio Lucas, nos anuncia que el Reino de Dios es imprevisible y compara su venida el diluvio en tiempos de Noé, y el castigo de Sodoma la lectura del Evangelio habla del diluvio y no fue a propósito por la peregrinación de la Secretaría de Marina ambos ejemplos nos ponen de frente a que las personas de este tipo estaban ocupadas en su comidas fiestas coma en sus proyectos no estaban preparados, cuando se habla “dónde hay un cadáver se juntan los buitres si quiere dar a entender en cualquier sitio donde estamos allí será el encuentro definitivo pon el juicio de Dios.

Hermanos, hermanas la Armada de México, el próximo 23 de noviembre estarán celebrando su día, cómo no reconocer a los hombres y mujeres de fe al servicio de la patria que con honor, lealtad y patriotismo han defendido, y siguen defendiendo ahora nuestra soberanía y paz nacional, de manera especial en nuestros litorales; para los que han caído en el cumplimiento de sus deberes defendiendo a la patria el señor les conceda el descanso eterno.

Gracias por su entrega generosa a México, de manera especial llevando a cabo el Plan Marina, ayudando a la población civil en desgracia, gracias por su servicio, pero por el servicio que dan con alegría, pues no basta solo servir, sino servir con alegría; un acto bueno de filantropía se sublima cuando lo realizamos en nombre de Cristo a favor del más necesitado. El canje de armas coma ha sido una buena estrategia para sacar de nuestros hogares mexicanos, armas que pueden ser causa de accidentes fatales que nuestras familias.

Nos sentimos orgullosos de nuestros estudiantes de nuestros planteles de Educación Naval, de nuestros cadetes, hombres y mujeres jóvenes, que dejan su casa, su familia, para seguir la carrera del servicio a la patria. Gracias por los desfiles militares y ceremonias cívicas.

Las esposas y esposos de los miembros de la Marina, saben que colaboran en esta noble vocación, pues muchas veces el miembro del Instituto Armado no está encasa por cumplir con sus obligaciones castrenses, y el hombre o la mujer tienen que hacer cabeza en el hogar frente a la familia. Los hijos e hijas de los miembros de las Fuerzas armadas, nos sentimos orgullosos de nuestros padres y madres, ya que sabemos que sus ausencias a causa de su trabajo, redundan en un México mejor.

Honor, lealtad y patriotismo, distinguen a los miembros de la Armada de México, ese honor debe iniciar desde la célula básica de la sociedad que es la familia; honor, lealtad a la esposa o al esposo, a los hijos, a la familia, a la patria.

Que la llegada del Señor no nos encuentre desprevenidos, que día con día el “servir a Dios en el prójimo en la patria” sea la forma de estar preparados, que las buenas acciones, que la vida integra entre el quehacer castrense y la vida personal, sea la forma de estar preparados, que la llegada del Señor no nos sorprenda ocupados en proyectos de este mundo, que esta Familia Naval que es apoyo para muchos hermanos, de manera particular de quienes sufren, encuentren su fortaleza en el Dios Creador que ha revestido al mundo de belleza.

Pedimos al Almirante de Almirantes, Dios Nuestro Padre coma que por intercesión de Santa María de Guadalupe coma la Reina de las Fuerzas Armadas, proteja a los “hombres y mujeres de fe al servicio de la patria”, a la Armada de México, a sus familias y derechohabientes.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARÍA DE GUADALUPE!

¡VIVA LA ARMADA DE MÉXICO!

Homilía pronunciada por el Sr. Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva con motivo de la peregrinación de la Familia de Fuerzas Armadas a la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.

Jueves 4 de diciembre de 2014.

“No todo el que me dice: Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos”.

Muy queridos hermanos y hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús, me dirijo con afecto y con respeto a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos de la tercera edad nuestros queridos ancianos. De manera particular saludo a los miembros de las Fuerzas Armadas de nuestro país, en activo y retirados a sus familias y derechohabientes que hoy han peregrinado a la casa de nuestra Madre Santa María de Guadalupe, Reina de las Fuerzas Armadas Mexicanas.

Tener una ciudad fuerte, asentada sobre roca, inexpugnable para el enemigo, era una de las condiciones más importantes en la antigüedad para sentirse seguros, así nos lo ha presentado el profeta Isaías, sus murallas y torreones, sus puertas bien guardadas, eran garantía de paz y de victoria.

Hoy también nosotros reconocemos que nuestra patria, gracias a los miembros de las Fuerzas Armadas, se encuentra resguardada por hombres y mujeres, que con honor, lealtad y patriotismo, han defendido y siguen defendiendo ahora nuestra soberanía y paz nacional, pedimos a Dios que a los miembros del Instituto Armado que fallecieron en el cumplimiento de sus obligaciones castrenses, defendiendo a nuestra patria, el Señor les conceda el eterno descanso.

Jesús en el evangelio de San Mateo nos asegura: “Que aquél que no sólo oye la Palabra sino que la pone por obra” es el hombre prudente que edifica su casa sobre roca.

Cómo no reconocer y agradecer a los “hombres y mujeres de fe al servicio de la patria”, por su entrega generosa al pueblo de México, de manera especial cuando llevando a cabo el Plan DN3-E y el Plan Marina, cuando ayudan a la población civil en desgracia, a causa de desastres naturales. Agradecemos por su servicio, pero de manera especial por el servicio que dan con alegría, pues no basta sólo servir, si no servir con alegría, un acto bueno de filantropía se sublima cuando lo realizamos en nombre de Cristo a favor del más necesitado.

En la ayuda que sin interés los miembros del Instituto Armado prestan a la población Civil en desgracia, se hace presente la mano de Dios. Es común escuchar a las personas diciendo: “ya llegó el ejército, ya estamos seguros”. Cómo no hablar de las cocinas comunitarias que se instalan para dar de comer en los albergues a los afectados. Del personal de sanidad militar, que da atención médica a los más necesitados en los momentos de adversidad.

En su momento, el canje de armas por despensas, ha sido una buena estrategia para sacar de los hogares mexicanos, armas que pueden ser causa, quizás de accidentes fatales en nuestras familias.

Que honra nos da escuchar: “es un médico militar el que me va atender”, “estás en buenas manos”. Cómo no sentirnos orgullosos de nuestros estudiantes; de los planteles de educación militar, naval y aérea, de nuestros cadetes, hombres y mujeres jóvenes, que dejan su casa, su familia, para seguir la carrera del servicio militar, en ocasiones siguiendo el ejemplo de los mayores y han decidido “servir al prójimo en la patria”. Gracias por los desfiles militares y ceremonias cívicas. Gracias por ciento un años de lealtad institucional.

Los esposos y esposas de los miembros del Instituto Armado, siempre atentos al servicio de su cónyuge, de sus hijos; atendiendo desde: una casa limpia, comida caliente, hijos educados, uniformes y ropa limpia y planchada; haciendo cabeza en donde la figura de manera especial del papá se encuentra ausente por cumplir con sus obligaciones militares.

Los hijos e hijas de los miembros de las fuerzas Armadas nos sentimos orgullosos de nuestros padres y madres, porque sabemos que sus ausencias a causa de su trabajo, redundan en un México mejor.

Hermanos y hermanas Jesús es claro en el evangelio: “No sólo el que me dice Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos”, sino aquél que oye la Palabra y la pone en práctica. Los miembros del Instituto Armado se esfuerzan día con día en “servir a Dios en el prójimo en la patria”; con sus buenas acciones, con su vida integra entre el quehacer castrense y la vida personal, el hombre y la mujer de las Fuerzas Armadas, se van configurando a aquél que construye su casa sobre roca, sobre la roca que es Cristo. Que esta familia militar que es apoyo para sus hermanos, particularmente para quienes sufren, encuentre su fortaleza en Cristo, nuestro Señor. Que todos los fieles que hoy peregrinamos a los pies de nuestra Santa Madre, vivamos unidos íntimamente a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Pedimos al General de generales, al Almirante de almirantes, Dios nuestro Padre, que por intercesión de Santa María de Guadalupe, la Reina de las Fuerzas Armadas, proteja a los “hombres y mujeres de fe al servicio de la Patria”, a sus familias y derechohabientes.

Homilía de la Solemne Eucaristía conclusiva de la 1ª Jornada “Hombres y mujeres de fe al servicio de la patria”

Pronunciado por el Pbro. Lic. Jorge Reyes de la Riva, en la Universidad Anáhuac México Norte. Pastoral Castrense de la Arquidiócesis Primada de México.
26 de septiembre de 2013.

Queridos hermanos en el sacerdocio. Mtra. Nora Ricalde Alarcón, directora de la Facultad de Humanidades, Dr. José Antonio Núñez Ochoa, Dra. Ma. Luisa Aspe Armella, Mtro. Alfonso Muñoz Flores. Profesores, alumnos de las distintas universidades que hoy nos acompañan. Queridos hermanos en la fe, de la familia militar y naval, y de la familia civil.

La palabra de Dios que hemos escuchado refiere a la circunstancia fundamental en la vida del cristiano: la fe. Yo quiero centrarme, en esta ocasión en el Santo Evangelio, en la figura del oficial romano, cuya fe constituye para la Iglesia un ejemplo en el itinerario de la fe.

La condición humana. Una persona honrada, comprensiva, bondadosa siempre se destaca en la convivencia con los demás. Ser “humanamente bueno” es un ideal que puede llevarnos la vida entera: se trata de un ejercicio constante de atención y servicio a los demás.

La ayuda social es, por supuesto otra virtud humana que exalta los más altos valores del individuo, más aún cuando ésta es desinteresada. Los lugareños de aquella región donde servía el militar romano del Evangelio, reconocían que era una buena persona, que incluso había construido una sinagoga en favor del pueblo, que en verdad merecía que Jesús le concediera su petición. Y es que este nuevo gesto humanista: amar a su criado y preocuparse por su vida le lleva a dar un salto sustancial: del humanismo a la fe.

La fe del militar romano inicia en las circunstancias humanas: órdenes son órdenes, quien tiene la autoridad manda y debe obedecerse.
Sin embargo, no hablamos de religiosidad todavía, pues la religión refiere a un vínculo entre Dios y el hombre, pero sí pensamos en un humanismo que abre nuestro corazón a Dios.

La religiosidad. La humildad que este hombre tiene para dirigirse a Jesús, verdad y vida, es el preámbulo de la fe.

La apertura a la verdad consiste en reconocer una realidad frente a Dios: como creatura, el hombre se abre a la dependencia y a la libertad. En tanto creatura, hay dependencia, nada le es propio; pero Dios se digna venir y habla a una voluntad libre para invitarla a ser colaborador suyo. No se piden méritos, pero sí se debe aceptar donación gratuita.

Este hombre de armas es religioso aún sin darse cuenta: confiesa su indignidad, tiene fe en el poder de Jesús y confía en su bondad: “di una sola palabra”. Esta es una fe sin condiciones ni reparos en el poder de Dios manifestado por Jesús: el poder que él mismo tiene sobre sus subordinados lo tiene Jesús sobre las enfermedades.

Entonces podemos preguntarnos:
¿quién es el hombre de fe? Quien toma a Dios en serio y se reconoce frente a Él como alguien necesitado que espera todo, como un don.

Dios viene a nosotros aunque nos creamos indignos y puede curarnos. Y puede suceder que también se admire y pronuncie un elogio sobre nuestra fe.

Ejemplaridad. Con el elogio de su fe, Jesús pone a este hombre como un modelo a imitar y la Iglesia lo reconoce así, repitiendo antes de la comunión la profesión de fe humilde con sus mismas palabras: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

En cualquier celebración de culto podríamos preguntarnos: ¿Por qué nos hemos reunido para Celebrar la Misa? ¿Por qué nos privamos de muchas cosas para ofrecer un donativo en favor de los necesitados? ¿Por qué renunciamos al tiempo libre para comprometernos en la catequesis a los hermanos, o la visita a los enfermos y encarcelados, o para realizar una lectura o cantar los salmos? Toda respuesta que podamos dar, es una respuesta de fe.

La Liturgia de la Palabra, el Santo Evangelio, nos enseña que la fe es un don, y es a la vez, una realidad que debemos acrecentar:

La primera condición inherente a la fe es oír a Jesús.
El centurión, este soldado romano, no pertenece al pueblo de la fe y las promesas, pero ha oído hablar de Jesús, primer paso para llegar a una fe explícita. Es probable que nosotros hayamos oído de Jesús desde pequeños y quizá hemos llegado a la misma conclusión que el oficial romano: Jesús puede dar seguridad a mi existencia. Si ese sentimiento es más de inercia que de razonamiento y convicción personal, queda mucho por hacer, hasta lograr que nuestro vínculo con Jesús repercuta profundamente en nuestra vida.

La segunda condición, es el encuentro con Jesús.
En ese encuentro, el oficial romano se reconoce pequeño e indigno. Esta condición, que nos hace sensibles ante una realidad trascendente, la realidad de Dios, es fundamental en nuestra relación de creaturas con su Creador. El grave pecado de nuestro tiempo es la soberbia de creer que todo lo podemos, que no necesitamos de Dios.

Hablamos, hoy, sustancialmente, del encuentro personal del hombre con Dios, donde experimentamos los contrastes entre inmanencia y trascendencia, santidad e imperfección. Es precisamente por ser débiles que necesitamos ayuda y Dios quiere ayudarnos. Esta disposición a ser ayudado por Dios, es otro preámbulo de la fe y al mismo tiempo una exigencia.

De esta manera, todos los hombres y mujeres, estamos llamados a creer en un ser supremo, aun cuando descubramos en el propio yo partes débiles y zonas espiritualmente desiertas, dudas, cobardía, cansancio. Porque en verdad nadie es digno, pero Dios tiene palabras que pueden sanar.

Reflexión realizada a partir del libro “En medio de la asamblea” (Homilías A – B – C) de Guillermo Gutiérrez, Ed. Verbo divino, Estella (Navarra), 1992.

Capellania Militar
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